Experiencias de integración en la cárcel

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Por: Juan Pablo Pelacini

Experiencias de integración dentro de la cárcel

A fines del año 2015 sentí la fuerte necesidad de experimentar la vivencia de entrar en contacto con personas privadas de su libertad. Conocía una amiga, Milagros Colombo, que ya estaba realizando este servicio dentro de la Cárcel. Me comunique con ella, y un día la acompañé hasta el penal.  Aquella misma mañana, me presenté ante uno de los jefes del Penal, y solicité el permiso para entrar a un nuevo pabellón a ofrecerles la oportunidad de tener unos encuentros semanales, donde realizaríamos unas prácticas de entrenamiento físico, trabajando con la respiración, para lograr estados de meditación que les ayudase a calmar ansiedades.

Aquel primer encuentro, no fue nada fácil. Primero fue dialogar con el “encargado” del pabellón, un preso que es la voz de todos sus compañeros. Como el líder del grupo. Quien decide por todo el resto ante cualquier eventualidad que pueda darse. Reconozco haber sentido bastante nerviosismo en aquella charla a solas, en uno de los pasillos de la cárcel. Un rostro y expresión no muy amigables, donde por un lado debía mostrar cierta empatía, y a la vez, cierta autoridad también, como para ponerme al frente de 20 presos más. Me acuerdo que el cuerpo se me hizo chiquito, al mismo tiempo que inspiré fuerte dentro de mí, y sentí que me hice grande, inflándome de valor. Logré su aprobación.

Ya  a la semana siguiente,  luego de otra entrevista con el director de la Institución, me encontraba solo, dentro de los  muros del Pabellón 11, parado frente a esas personas. Iniciamos un diálogo. Fui claro: “No estoy aquí para juzgarlos, no me importa lo que hicieron, eso ya está en el pasado, les hablo desde un presente. Yo vengo a ofrecerles algo, voy a dar una parte de mí, y espero otra parte de ustedes… vamos a ir un 50/50. Si ustedes responden bien con la actividad, seguiré viniendo…tenemos posibilidades de crecer juntos, más dependerá del 50 de ustedes”…. Todos estuvieron de acuerdo. Y comenzamos la clase…

Recuerdo aquella primera vez y la vuelta a mi casa luego… Al llegar, cerré la puerta con llave, me fui al cuarto, cerré esa puerta también, y me tape hasta la cabeza con una manta. El impacto emocional energético que recibí me dejó devastado. Hay cosas que no se ven con los ojos físicos, más se la sienten con el cuerpo. Una profunda tristeza, encierro y soledad me invadió aquella tarde… Me llevó dos días recuperarme, y a la semana siguiente, ya estaba decidido a continuar con mi palabra. Y fue una segunda vez… y luego vino una tercera, y una cuarta, y quinta. Y seguimos.  Fue así que nació “EL Proyecto de Acción Social dentro de la Cárcel a través de clases de Tai Chi y charlas sobre el Valor de la Vida”.

Usando la práctica del Tai Chi, como herramienta para ordenar la energía, y luego, bajando la ansiedad, conectando con la respiración para luego  abrir la posibilidad del dialogo, la escucha. Usamos la palabra sentados en Círculo. Aprendiendo juntos. Con el tiempo se fue generando una relación entre los internos y yo. Fuimos creciendo en confianza. Aprendiendo juntos. Comencé a descubrir que detrás de cada uno de ellos había un niño herido, y que ante la ignorancia y la motivación del entorno, habían sido empujados a delinquir. Que bajo los tatuajes y tras las miradas violentas, solo había falta de amor, cariño y afecto.

No justifico la acción de ninguno de ellos en el pasado, más si logré convencerme de que el encierro y rechazo de la sociedad, no hace más que aumentar la brecha que separa al humano de su propia esencia.

La labor de Acción Participativa dentro de la cárcel se desarrolló durante todo el año 2016. Inició como proyecto experimental y al llegar a diciembre los resultados obtenidos han sido muy buenos, logrando cambios significativos en la población del pabellón 11. En palabras de ellos, han afirmado que sus niveles de ansiedad bajaban luego de cada práctica, permitiéndoles descansar mejor. Se logró además una gran cohesión de grupo, que fue un motor para sostener la fuerza a lo largo de todo el año. Atravesar el crudo y pálido invierno dentro de la cárcel, para llegar a un cierre en diciembre con la pintada de un mural en colores. Dejando plasmado en la pared, nada más y nada menos que la figura de un Cóndor, con sus alas extendidas y el símbolo de la Paz en su pecho. Promesa de Libertad…. si se va por el camino correcto. El del corazón.
( Si querés saber mas acerca de esta experiencia dentro de la cárcel, siguiendo este link, encontraras una entrevista de radio, donde comparto mas a fondo lo que es la vivencia tras los muros. Comienza en minuto 54)

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Estamos evaluando la manera de continuar a lo largo del 2017, con la posibilidad de sumar algunas otras actividades que mejoren la vida de los internos, y así, sumar y contribuir a la gran comunidad, mejorando calidades de vida  que eleven la conciencia del Colectivo. (Recordando que todo está entrelazado).

Un placer haberles compartido esta nota.
Hasta la próxima.!

Contacto:
Mail: raices@arboldelsur.org
Web: www.arboldelsur.org
Facebook: Arbol del Sur

 


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